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Ilustrar clásicos de la literatura ha Implicado, tradicionalmente, la interpretación plástica del tema ajustado a su época. Sin embargo, Carlos Alonso, ilustrador, desarticula toda idea preconcebida. El corpus que este volumen presenta, ocho obras consagradas cuyo origen es variado , permite reconocer dos constantes en su labor: por un lado, la tenaz traspolación de las épocas a su estricto presente; por otro, la arista desde la cual el artista transmite su mirada que pone en el centro siempre la condición humana.
Absolutamente Imbuido de los acontecimientos que lo rodean, Alonso provoca un corte en el tiempo y trabaja la materia temporal como el puente entre dos momentos, el de la obra literaria y el de su ilustración. La cohesión entre ambos se plasma no como mera arqueología que desempolva siglos sino en su resignificación más contemporánea.
Esta operación, expuesta en todos sus matices, deja al descubierto complicidades y reverencias detrás de cada trazo, y evidencia la convicción irrenunciable de estar hoy y aqui en el mundocon sus cielos y sus infiernos. De ahí que el paso de la palabra escrita a la imágen visual se torne una aventura creativa apasionante. No solo por la reconocidaversatilidad de gran dibujante que despliega sino, y erscencialmente, por una permanente reinvención desde otro codigo expresivo. Es ahí donde el puente tensa su mayor riqueza.
Alonso, ante todo, establece una relación dialogica con el texto y los ecos de ese diálogo se vuelven sustancia poética en la materia plástica, anidan y renacen en sus propias obsesiones temáticas. Ello es así, porque el artista elige el lugar desde el cual ilustra, que es su lugar en el mundo. Lo vemos cuando en la guerra al malón, escrita por un partícipe de la conquista del desierto, el comandante Prado, su mirada se recuesta sobre la castigada humanidad de los vencidos, años antes de la corriente que revisa la lectura oficial del pasado. O cuando en El matadero hace suya esa violencia que será una trágica constante nacional.
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