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Don Quijote en la Argentina - Caricatura Política del Siglo XIX
Museo Histórico Municipal 'Roberto T. Barili' - Mar del Plata
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Artistas
Cao Luaces, José María (Demócrito II)
Mayol, Manuel (Heráclito)
Sojo, Eduardo (Demócrito)
 
Don Quijote en la Argentina - Caricatura Política del Siglo XIX

Museo Archivo Histórico Municipal ‘Roberto T.Barili’ - Mar del Plata
del 1º de octubre de 2010 al 28 de febrero de 2011.

 

Don Quijote en la Argentina. Caricatura política del siglo XIX

El semanario Don Quijote, se editó entre 1884 y 1905 bajo el lema “Este periódico se compra pero no se vende”. Era una hoja de 46 por 70  centímetros, plegada, con texto en las caras exteriores y una ilustración que ocupaba las dos páginas centrales. Aparecía los domingos, con un costo de 12 centavos. Su creador y director fue el dibujante madrileño Eduardo Sojo (1849 - 1908), de arraigadas ideas republicanas.
               
El primer número de Don Quijote apareció en Buenos Aires el 16 de agosto de 1884. Los dibujantes eran el propio Sojo y Manuel Mayol; y los redactores, el director y Manuel García. En 1891, en ocasión de un largo viaje de Sojo a España, asumió la dirección el dibujante José María Cao. Los artistas firmaban con diferentes seudónimos: Demócrito (Sojo), Heráclito (Mayol), Sancho Panza y Demócrito II  (Cao). Por su oposición frontal y despiadada a los gobiernos de turno, el semanario fue clausurado en varias oportunidades y sus responsables procesados y encarcelados, sufriendo atentados contra su vida y un sinfín de hostigamientos.
El medio de impresión de ilustraciones utilizado para tiradas masivas era el litográfico. El artista dibujaba con un lápiz graso sobre una piedra caliza del mismo tamaño de la página a imprimir. Tras un proceso de humedecimiento y aplicación de tinta, se prensaba el papel sobre la piedra. Luego de imprimir la cantidad de ejemplares necesaria, la piedra se lavaba y reutilizaba. Por este motivo no se conservan dibujos originales pertenecientes a esas publicaciones, ya que no existían como tales.
En Don Quijote se caricaturizó a los personajes de la política nacional. Entre muchos otros, ocupaban un lugar reiterado Marcos Juárez, gobernador de Córdoba (un gaucho tosco de dientes afilados y ojos estrábicos), el jefe de policía coronel Alberto Capdevila (con prominente mandíbula), el jefe de correos Ramón Cárcano (un mono), el general y senador Lucio V. Mansilla (siempre con frac y galera), y los presidentes Miguel Juárez Celman (un burro), Carlos Pellegrini (una figura alargada y flaquísima, a veces representado como una jirafa), Luis Sáenz Peña (un pavo) y Julio Argentino Roca (un zorro). Además de darles una apariencia animal, también se jugaba con sus apellidos: Juárez Celman era mencionado como Celemín; Mansilla era Manchilla, Majaderilla, Malaquilla, Mantequilla o Mandrililla; Pellegrini podía ser Pelegringo o Pelelegringo; y Capdevila, Capdevela.
En 1886, cuando el presidente Julio Roca debía inaugurar las sesiones del Congreso, un individuo lanzó un adoquín contra su cabeza. Superado el aturdimiento, a Roca le ataron un pañuelo, logrando detener la hemorragia. El Presidente insistió en continuar con la ceremonia y leyó su discurso con la cabeza vendada. Desde ese momento, Roca sería dibujado con el vendaje cruzándole la cabeza.
A los políticos contemporáneos, Don Quijote oponía los próceres de la Independencia. Si aquellos eran caricaturizados hasta la deformidad, estos eran dibujados con respeto. Otros personajes que se salvaban del filo del lápiz de Sojo eran los miembros del Partido Radical, encabezado por Leandro N. Alem, por entonces la más importante oposición políticamente organizada.

En 1888, se publicó una caricatura ilustrando la consagración del  obispo de Córdoba enfrentada a un dibujo contra el matrimonio religioso y a favor divorcio. En represalia, la policía irrumpió en la redacción de la revista, deteniendo a los integrantes del equipo y secuestrando la piedra litográfica. Como acto de protesta y denuncia, en el número siguiente, en vez de la habitual litografía apareció una doble página en blanco que contenía sólo los epígrafes de las ilustraciones ausentes. El reclamo por la devolución de la piedra litográfica se reiteraría durante más de dos años. Al fin, con varias sentencias judiciales a favor de Sojo, la piedra apareció destrozada en 1891.

Don Quijote apoyó activamente la Revolución del Parque, organizada por el radicalismo, que estalló el 20 de julio de 1890 y provocó la caída de Juárez Celman. Su influencia sobre la opinión pública fue tan poderosa que Alem afirmó: «La revolución de 1890 la hicieron las armas y las caricaturas». En plena revuelta, el semanario no se publicó, pero el número siguiente al alzamiento tuvo una tirada de 61.000 ejemplares. Sojo hizo un llamado a comerciantes y empresarios para ayudar a los damnificados, y el 27 de agosto editó un ejemplar extraordinario cuya ganancia fue destinada a socorrer a las víctimas de uno y otro bando. Por única vez, en sus páginas centrales reprodujo fotografías con los distintos escenarios del acontecimiento. Un día después, casi mil manifestantes se congregaron frente a la redacción  aclamando a Sojo.

En 1891, Eduardo Sojo regresó a Madrid y fundó otro Don Quijote, idéntico al argentino, con la colaboración de importantes dibujantes y escritores españoles. Este periódico se vendía también en Cuba y se editó durante varios años. El Don Quijote madrileño tuvo gran importancia entre las publicaciones satíricas españolas de finales del siglo XIX, siendo censurado en diferentes oportunidades.
       
Don Quijote, que en 1888 registraba una tirada de 15.000 ejemplares, subió a 30.000 y hacia 1893 se ubicaba en los 60.000, superando ampliamente a sus competidores. Su éxito llevó a editar paralelamente Rigoleto, un semanario «satírico humorístico, ajeno a la política», y el suplemento La Mujer. En 1895, Don Quijote editó una treintena de números en colores y, a partir de 1898, una parte de las ediciones fueron impresas en color.  Su decadencia comenzó en 1898 con la aparición de Caras y Caretas, ya que la litografía no podía competir técnicamente con el fotograbado, método que utilizaba la nueva publicación. En 1903, Sojo decidió lanzar una versión renovada de su revista, Don Quijote Moderno, que se editaría hasta 1905 con el lema: “Por un ojo tres, por un diente una quijada.”  

Julio M. Neveleff (2010)

 

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