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Alvear en caricaturas
Museo del Humor
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Alvear en caricaturas

Museo del Humor
del 9 de junio al 9 de julio de 2018


 

Marcelote

En 1890 se produjo el mayor alzamiento militar para derrocar un gobierno, posterior a la organización nacional. Impulsada por el mitrismo, sectores católicos y progresistas jóvenes, la revolución fue encabezada por un grupo de antiguos federales y autonomistas que buscaban adecentar la vida pública, liderados por Leandro N. Alem. Con él militaban el prócer federal Bernardo de Irigoyen y el sobrino de Alem, Hipólito Yrigoyen. Su secretario era un joven de 21 años, aguerrido, boxeador, gran tirador: Máximo Marcelo Torcuato de Alvear. Marcelo T. o Marcelote –como le dirían por su gran tamaño-, era hijo del ex intendente de Buenos Aires y nieto del famoso general triunfante en Ituzaingo, luego embajador de Rosas en Estados Unidos, Carlos María de Alvear. Hubo muertos en los enfrentamientos en Plaza Lavalle, donde Marcelo se tiroteó, hasta que el acuerdo Mitre-Roca terminó con la revolución y con la presidencia de Juarez Celman.
Alvear fundó luego con esos mismos correligionarios la Unión Cívica Radical y se mantuvo en la resistencia militarizada, participando de la gran revuelta de 1893 y conociendo su primer prisión. Recién en 1916, luego del suicidio de Alem y de los pactos de Yrigoyen con Pellegrini y Sáenz Peña, el radicalismo llegó al poder. Yrigoyen lo designó a Marcelo T. como embajador en Francia y seis años después, como su sucesor.
Yrigoyen había sido un fuerte personalista y Alvear un institucionalista, lo que los separó. Alvear decía de su gabinete que estaba integrado solamente por presidenciables. Con algunos de sus ministros, Agustín P. Justo y Roberto Ortiz, se enfrentaría luego, cuando efectivamente ambos llegaron a la presidencia. El gobierno de Alvear fue el ejemplo virtuoso del funcionamiento de una buena democracia republicana, hubo paz, se creó lo que luego sería YPF y la Argentina tuvo al final de ese mandato el sexto producto per cápita del planeta, habiendo recibido millones de nuevos inmigrantes.
Tras el golpe de 1930 en el que el ex revolucionario de 1890 José Félix Uriburu derrocó a Yrigoyen, a Alvear le tocó afrontar la lucha para reunificar su partido y lo hizo pagando su compromiso con prisión en Martín García y exilio. Cuando en 1937 volvió a competir por la presidencia, fue derrotado con fraude por otro correligionario suyo, Roberto Ortiz.
En la década del 30 el gobierno de Justo sacó a la Argentina de la pavorosa crisis mundial del 29, muy rápidamente, pero en materia política aparecieron expresiones antidemocráticas en Europa y acá. Uriburu había intentado cambiar la Constitución para instalar un corporativismo y luego florecieron expresiones fascistas, autoritarias, militaristas y totalitarias. En ese contexto Alvear militó por la democracia y el antifascismo, mientras lideraba su partido.
Cuando se declaró la segunda guerra mundial, en 1940, Alvear acordó con el ministro Pinedo un programa de industrialización desarrollista y una salida política concertada, que se combinaba con un acuerdo de unidad sudamericana con Brasil. Todo ello fue derrotado en el Congreso. Alvear murió en 1942 y la Argentina se asomó a un cambio de época liderado por una nueva fuerza: el peronismo.

Federico Pinedo
Presidente Provisional del Senado

 


MARCELO T. DE ALVEAR, UN OLVIDADO.
A 150 años de su nacimiento

Marcelo Torcuato de Alvear (1868/1942) ha sido injustamente olvidado por la historia. Hasta los radicales han sido indolentes con él, aunque fue uno de los fundadores de la Unión Cívica de la Juventud, estuvo en la revolución del Parque en 1890 y fue radical de la primera hora junto a Alem y a Yrigoyen. En 1912 al entrar el vigor la Ley Sáenz Peña de sufragio universal secreto y obligatorio, Alvear fue electo a la Cámara de Diputados y en 1916 al asumir la presidencia Yrigoyen le ofreció ser ministro de Guerra, aunque aquel prefirió ser embajador en Francia.
En 1922 con el apoyo de Yrigoyen fue elegido por amplia mayoría para la primera magistratura. Fue un gran presidente que condujo a la Argentina por la senda del progreso en los brillantes años '20. En su obra de gobierno se destaca la ley que fija el pago de salarios en Pesos Moneda Nacional, la inauguración de la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba, la Ley de derechos civiles a la mujer, las leyes jubilatorias para maestros primarios y empleados bancarios, la inauguración del Palacio de Correos y Telégrafos y la Casa del Teatro, la creación de los cuerpos estables del Teatro Colón, la creación del Conservatorio Nacional de Música “Carlos López Buchardo” y de Radio Municipal, la instalación de la base de submarinos en Mar del Plata, la construcción de las destilerías de YPF en La Plata. Fue un gran impulsor de nuestra cultura, y tuvo en ello enorme influencia su esposa Regina Paccini de Alvear, que fuera exitosa soprano lírica que abandonó su carreta artística para acompañarlo en su tarea. En 1928 Alvear le transfirió nuevamente la banda presidencial a don Hipólito, elegido por abrumadora mayoría de votos. Luego del golpe militar de 1930 don Marcelo regresó al país para asumir la conducción de la UCR a través de toda la Década Infame, tiempos en los que puso nuevamente de relieve su carácter y su coraje, enfrentando el fraude patriótico y la violencia política. Para la campaña presidencial de 1937 en la que encabezó la fórmula radical acompañado por Enrique Mosca, llevó una plataforma programática de avanzada, de fuerte impronta socialdemocráta. Alvear fue el más importante dirigente político argentino en apoyar a la República Española en plena Guerra Civil y al estallar la 2° Guerra Mundial, fue un decidido enemigo de Hitler y Mussolini en defensa de los valores de libertad y democracia. Como líder partidario su estrategia de unificación del radicalismo disperso y perseguido habría sido exitosa si los conservadores no hubieran recurrido sistemáticamente al fraude. El levantamiento de la abstención fue un error táctico o de apreciación histórica, pero no fue una claudicación. Para juzgar a Alvear con justicia y en adecuada perspectiva histórica, hay que entender que 1931 el país y la sociedad habían cambiado y mucho. Pudo haber negociado con Uriburu o Justo que probablemente le hubieran entregado la presidencia si resignaba la compañía de la “chusma” yrigoyenista, pero eligió quedarse con las bases populares y reconstruir la UCR con todos los radicales.
Los primeros en reconocer la sincera identidad radical de Marcelo fueron los conservadores que lo persiguieron y le falsearon los comicios que legítimamente ganó. Dos veces el propio Hipólito Yrigoyen lo señaló como sucesor: en 1922 al prohijar su candidatura presidencial y en 1931 como jefe del radicalismo¿Se equivocó Yrigoyen? No, sin dudas. Los datos de la presidencia alvearista así lo demuestran con contundencia: los más altos índices de ocupación y de participación de los trabajadores en el ingreso nacional, la profundización de la reforma patrimonial con el fortalecimiento de YPF designando director a Enrique Mosconi, la ubicación de la Argentina entre los seis países más desarrollados del planeta con un PBI que era el doble del de todo el continente sudamericano. Es cierto que tuvieron diferencias, que en realidad fueron más ásperas entre yrigoyenistas y alvearistas que entre Yrigoyen y Alvear. Alvear no estuvo de acuerdo con el neutralismo de Yrigoyen en la I Guerra Mundial, pero no fue una discordia insalvable, ya que poco después Yrigoyen se jugó decididamente por la candidatura de Alvear relegando a otros importantes aspirantes que sentían tener más mérito que aquél para suceder al caudillo.
Fue entonces que Yrigoyen lo eligió de nuevo a Alvear: "Marcelo es radical. Hay que rodear a Marcelo".

Diego Barovero
Presidente del Instituto Nacional Yrigoyeneano


MARCELO T. DE ALVEAR, DANDY Y PRESIDENTE, A TRAVÉS DE LA CARICATURA

El presidente Marcelo T de Alvear siempre le tuvo simpatía a la caricatura. Fue él, quien le había ofrecido al dibujante español Luis Bagaría inaugurar su muestra de caricaturas en Buenos Aires. Le dijo: “Sé que es muy difícil dibujar en su país, pero aquí puede usted hacer todo lo que quiera sin temor de que lo echen.” En otra oportunidad en la revista “El Conventillo Político”, hacia el final de la presidencia de don Marcelo, el dibujante Raúl Araceli, en base a una idea de Vicente Bucchieri, dibujó a Alvear como una odalisca bailando en un harem. Cuando la revista salió a la calle ambos humoristas fueron citados desde la Casa de Gobierno. Temieron por su futuro laboral, pero al llegar la sorpresa fue total: le transmitieron una felicitación presidencial “por la simpatía del chiste y por el buen humor”. Dos recuerdos que pintan de cuerpo entero a este dandy  presidente que fue Marcelo T. de Alvear.
Muchos dibujantes lo caricaturizaron, destacamos a los de “Caras y Caretas”: el asturiano Alejandro Sirio, Eduardo Alvarez, Ramón Batlle y el boliviano Víctor Valdivia. Hay otros magníficos como Ramón Columba,  el uruguayo Pelele (Pedro Angel Zabala),  el paraguayo Serviliano Solís y  Ko-ko (Lino Palacio), que supo dibujarlo en la revista “Don Goyo”.

Horacio Spinetto

 

 
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