Reportaje
Alfredo Grondona White
"Hay
que tener la capacidad de reirse de uno mismo"
Por Ana Mosconi
Es la una del mediodía.
El sol raja la tierra y en la calle Echeverría
la gente parece alborotarse . Vislumbro en la cuadra
siguiente a Alfredo G. White y a su esposa que me hacen
señas. Nos dirigimos hacia un bar muy moderno
y bien ambientado que está cerca de su casa.
Cristina se despide y entre tostados de jamón
y queso, cerveza, picadas y varios cafés trascurre
esta amena charla con Alfredo Grondona White.
MUDI: Alfredo,
¿cuándo fue la última vez que publicó
un libro?
AGW: Ya hace un tiempo largo. Ya nadie
compra un libro, mi mujer se los intercambia a las amigas,
después lo afanan, ya se sabe que en argentina
no hay derecho de autor, porque una vez que salió
al aire es de dominio público, tanto la música
como el chiste.
A nosotros nos mataron, en primer lugar, los periodistas
radiales que contaban los chistes. Empezó todo
con la lectura del diario al aire, en vez de usar material
propio. De allí pasaron a la televisión,
uno tardaba 15 días o una semana en publicar
una revista y los conductores ya estaban contando los
chistes por televisión o los mostraban directamente.
MUDI: Sus viñetas humorísticas
se caracterizaron por recrear la evolución de
las costumbres de la vida argentina de clase media.
Durante el último gobierno militar, aunque aparentemente
su trabajo no atentaba contra el orden vigente, ¿sufrió
algún tipo de censura?
AGW: La censura siempre existe, eso dalo por seguro.
Si no le gusta al director de la publicación,
no va. Y si no entiende el chiste o le parece arriesgado,
no va. Y sino, te levantan en peso “estás
loco vos, atacar a esta gente”. En todos los medios
es así. Igualmente nosotros escogíamos
temas demasiado inteligentes para que los políticos
y militares lo entendiesen. Y con los jefes, siempre
estaba el espíritu de contradicción, únicamente
para mostrar que ellos tenían la última
palabra; así que uno terminaba haciendo lo opuesto
de lo que pensaba hacer.
MUDI: Pero los tópicos que Usted
elegía no ponían en jaque el status quo,
¿o sí?
AGW: Acá la corrupción
siempre existió. En la época de Humor,
nunca atacaron abiertamente a los militares, tal vez
sí contra los civiles como Martínez de
Oz. Hasta que no se aplacó un poco la “persecuta”,
hasta que no vino Viola, no se hablaba nada. Las tapas
provocadoras vinieron después, era como “morderle
la cola al león enjaulado”. Uno de los
pocos en publicar estas acusaciones era el Gerald y
lo hacían con mucho cuidado.
MUDI: ¿Cuándo empezó
a trabajar en humor gráfico?
AGW: Cuando estaba en la secundaria,
yo trabajé en dos diarios de Rosario, Democracia
y Rosario. No sé cómo hacía para
ir al colegio doble turno, colaborar en los diarios
e ir a la Cultural Inglesa. Más que nada, los
fines de semana los pasaba adentro del diario. Cuando
vino el golpe de “La Libertadora”, como
el Rosario, como todos los diarios de esa época,
era de Perón lo cerraron.
MUDI: Entonces allí empieza la carrera
de Grondona White.
AGW: No, primero era cadete. Yo tenía
15 años. Para el día de la primavera,
me dejaron hacer un dibujito en una columna que decía
“ Grondonismo, un humorista de 15 años”.
Y luego ya hacía un poco de todo, dibujaba para
la columna de las mujeres, para la de ciencias ...
MUDI: Sin embargo, aunque esta veta
ya se había manifestado prontamente, empezaste
otra carrera universitaria.
AGW: Sí, empecé Arquitectura
después del secundario, pero luego me tocó
hacer el servicio militar y se interrumpió la
carrera. A la vuelta, no retomé la facultad,
no me gustaba mucho y me fui a trabajar a Somisa (Sociedad
Mixta Siderurgia Argentina) que estaba en San Nicolás.
Y los jefes me decían “vos que dibujás
tan bien, ¿porqué no mandás algo
a las revistas?”.
MUDI: ¿Así fue como expandió
sus horizontes laborales en el ámbito del dibujo
humorístico?
AGW: Yo mandé a varios lugares
y empezaron a publicarme afuera (Esquire, Playboy, etc).
Inclusive le mandé uno al fundador de Mad que
me mandó una carta muy conceptuosa: “ no
puedo creer que una persona con esa mano esté
trabajando en una planta siderúrgica. Mande más,
mande más”. Pero el problema era que la
plata no llegaba, se la robaban en el correo. A veces
era peor, te robaban el pago antes de enviarlo como
en el Esquire donde el jefe de arte se quedaba con los
pagos de los colaboradores. Otras veces pasaba q te
veían el dibujo, lo copiaban bajo otro nombre
y luego te lo enviaban de vuelta diciéndote que
no les servia.
MUDI: Malas experiencias con las revistas extrajeras.
AGW: Pero eso se da en todas partes. Aprendí
de chico: ser bueno pero desconfiado. Pero de todo se
aprende.
MUDI: En la revista Humor, en tu columna, muchas
veces lo cómico giraba en torno a la redacción
de la revista. Recuerdo uno de los títulos: “La
redacción más visitada del mundo”,
otra en alusión al asedio femenino...
AGW: Eso lo hacíamos porque
éramos un grupo muy unido. Nos reíamos
de nosotros mismos. Tabaré decía ”
Che Grondo, estoy atascado, ¿qué hago
ahora?” y yo le decía a Ibáñez
“¿Cómo soluciono este problema?”.
Con el tano (Cascioli) íbamos a comer todos los
mediodía e intercambiábamos ideas. Era
un grupo muy unido.
MUDI: ¿ Trabajaban juntos con
Blanco en la redacción o cada uno trabaja por
separado y luego había una puesta en común?
AGW: Yo hacía mis cosas en casa,
la página grande, porque no había lugar.
Humor empezó en un departamento de Cascioli (Piedras
y Venezuela). Un departamento de tres ambientes, un
solo baño. Trabajábamos de rodillas casi
y había revistas hasta el techo. Al principio
se entregaban trabajos; Fontanarrosa entregaba por correo
por ejemplo. Después, cuando empezaron a andar
bien, compraron un petit hôtel que hicieron remodelar
en la calle Salta, pero también quedo chico.
Se publicaba Humor, Superhumor, Péndulo, Fierro,
un montón de revistas más y no cabía
la gente que trabajaba allí. Además, en
el sótano estaban los laboratorios donde se hacían
las películas para imprimir.
Más tarde se vendió la Escuela Panamericana
de Arte y nos mudamos allí.
MUDI: Por esa época ¿ya
estabas radicado en Buenos Aires?
AGW: A mí me convenció
David Lipsik y empecé a trabajar en su Escuela
Panamericana de Arte mientras trabajaba en Chrysler.
Yo enseñaba dibujo publicitario. Entonces con
mis dos sueldos más lo de Cristina (su esposa),
pudimos juntar para comprar nuestro primer departamento
sobre la calle Gorostiaga. Y lo compramos justo, porque
a las dos semanas quebró el banco Ferroviario
donde teníamos guardado nuestro dinero.
MUDI: ¿Nunca volvió a
su Rosario natal?
AGW: La familia seguía allí
pero nosotros ya estábamos en Buenos Aires. Incluso
cuando cerró Chrysler, me fui a trabajar a una
imprenta en el ´72. Por esa época, yo ya
estaba publicando en Mad y otras. Un día, me
encuentra Andrés Cascioli por un dibujo que le
había hecho yo a Lipsik. Me lo pidió y
lo puso en el mono de la revista Satiricón.
MUDI: ¿Cómo surgen las
mujeres voluptuosas y la perfección de la anatomía
femenina que constituye, sin duda, el sello “Grodona
White”?
AGW: (risas). Porque me gustan.
MUDI: También se aprecia un
detallismo extremo en la reproducción de vehículos,
máquinas, armas.
AGW: Cuando era chico, leía principalmente sobre
historietas de guerra, tanques, armas, barcos de guerra.
Yo nací antes de la Segunda Guerra Mundial y
por esa época la propaganda bélica se
veía en todas partes. Con mis hermanos leíamos
las Punch y otras revistas británicas en la Cultural
Inglesa.
MUDI: ¿ Qué le gusta
del humor inglés?
AGW: Que es sutil, no es agresivo.
En cambio, el humor latino es sádico .Mientras
que el inglés se ríe de sí mismo
y es chistoso, el latino se ríe de la desgracia
ajena, no se pone en el lugar de la víctima.
Acá son exitistas, no se ponen en el lugar del
débil. Si está por ganar River, son todos
de River; si gana Perón, son todos peronistas.
Los españoles, los tanos, los latinoamericanos,
todos apuestan al ganador.
MUDI: ¿ Su obra se ve influenciada
por el humor británico?
AGW: A mí el que más
me gusta, aunque jamás quise copiarlo, es Ronald
Searle. Tiene10 años más que yo y que
fue durante la Segunda Guerra prisionero de los japoneses
(sus “Apuntes de la guerra“ testimonian
esta experiencia desgarradora). Publicaba en Punch.
Luego empezó a escribir libros sobre las costumbres
inglesas. Me gustaba porque era totalmente irreverente,
su obra la ambientó en un colegio pupilo de monjas
y las chicas se revelaban. A R. Searle lo llamaban “la
pluma con el bisturí en la punta”. Fue
testigo de los juicios de Nuremberg ( los dibujaba porque
no se podía sacar fotos). También parodiaba
libros tradicionales. Otra cosa que me gustaba mucho
era como mostraba en Punch el ascenso, apogeo y decadencia
de personajes políticos, escritores, periodistas,
generales.
También me gusta la literatura de Kipling porque
es descriptivo.
(Y la música de los Beatles)
MUDI: ¿La música también
inspira su trabajo? Ví algunas viñetas
que tenían como leyenda el frangmento de alguna
letra musical.
AGW: A mí ya me gustaban desde
que era chico los Beatles, Elvis Presley, Rock around
the clock. El “rock and roll” remite al
movimiento del barco, el cabeceo, para buscar el equilibrio. |